sábado, 6 de junio de 2009

Frutas de temporada



¿Por qué todo el mundo mira
cuando voy con mi saquito comiendo por la calle?
¿Es acaso demasiado incivilizado o vulgar escupir el corazón del fruto?





Yo también tengo mi lado salvaje,
carnívoro, devorador, ansioso, trémulo, lujurioso, lascivo...



jueves, 4 de junio de 2009

Una hora después.

Hace calor.
Soy calor.
Días de mi lado sexual y no puedo controlarlo, el jugo que cae sobre mi pecho, la gota que se escurre hacia mi ombligo, aquella que llega a mi ropa interior y me insinua seguirla con mis manos, con mis dedos, y acaricio la tersura joven y cálida de Venus, despoblada, deslizante, incitante, provocadora, ardiente, palpitante, suspirante, vibrante, tensante, mortal.


Quiero, me apetece comer sandía sobre tu cuerpo, desnudarte, tumbarte, cortar pedazos de sandía sangrante y esparcirlos por tu cuerpo, a mordiscos comerla, acabar untados en fructosa.
Omnívoros.
Tengo hambre y sed, de cuerpo, de carne, de espíritu, de frutas aguadas.
Si hay algo que me guste en verano, o en primavera infernal como la de ahora, es comer sandía, cogerla sobre un plato, sentarme frente a ella con un cuchillo y cortar sin sentido, y comer con las manos, sentir el jugo frío empaparme las manos y los brazos, la barbilla, el pecho...
Lo malo es que a veces no puedo parar de comer, ni de seguir jugando con los zumos insinuantes que me incitan a acalorarme para volver a tener la excusa del calor y empezar de nuevo a comer.

miércoles, 3 de junio de 2009

No quiero que me invites a un restaurante,
ni que me lleves de vacaciones o pagues ningún hotel caro por mí.

Quiero que prepares algo de cena y la compartas conmigo,
o que me lleves al mercado e improvisemos algo que compartir después.
Que me lleves a tu casa,
a tu sofá, a tu cama, a tu ducha,
pasear semidesnudos por tu espacio, que nada tiene que ver conmigo.
Y compartir nuestros cuerpos.
No quiero regalos, no quiero joyas, no quiero lujos.
Me gustan las cosas sencillas.
Que te pinches cortando flores para mí,
que arranques cualquier flor del campo,
que al venir a buscarme desprendas una pequeña flor de los jazmines
y sin preguntarme la enredes en mi pelo.

Que traigas los bolsillos llenos de cerezas para amenizar el camino a mi casa,
que dibujes paisajes en mi espalda desnuda,
que trences mi pelo sin conocimiento alguno,
que me prestes un libro, o un pasaje que te haya gustado
o que te diga algo o ni siquiera eso, que escojas uno al azar y pruebes suerte.

Me gustan las cosas sencillas, los detalles, no pido más, pero a veces me parece tanto, me parece tan difícil.
Así que ven, tú, seas quien seas, estés donde estés.
Estaba sentada en uno de los muros laterales de la mezquita.
Mi destino estaba a menos de cien metros pero era una hora incorrecta la de mi llegada.
Así pues, estaba sentada en uno de los muros laterales de la mezquita.

Tenía entre mis manos el libro, y leía, ante la mirada de los transeúntes, o más bien, de los turistas perdidos en las calles judías, leía estando sentada en uno de los muros laterales de la mezquita.

Corretear por los versos, saltar entre las comas, adivinar los diálogos, inventar los paisajes que aún no conozco, dibujar los edificios que no han sido creados todavía, a todo ello me entregaba, sentada, sí, allí, en uno de los muros laterales de la mezquita, cuando ha empezado a soplar un viento agradecido que revolvía mi pelo y los lazos de mi camiseta sobre los hombros desnudos a causa de éste.

Y me he desplazado en el espacio, a cientos de kilómetros de allí, de ese muro lateral, a ese café, en una plaza desconocida, y la brisa era del mar, y tu estabas vestido de lino blanco y yo llevaba un vestido cruzado en la espalda, las mesas del bar estaban puestas como todas las mesas de bar de las cafeterías de París, pero no era París.

Deseo que llegue mañana para poder volver a desplazarme otra vez, y ver si sigues allí, en las páginas de mi libro. Para ver si llegas de nuevo con el aire, con un rostro que desconozco, con un cuerpo que jamás he visto.

Porque ya lo he olvidado.
Porque nunca lo he conocido.

Rezas, rezas para que esta sea tu vida sin tí.

...
Y no sientes nostalgia por la vida que no tendrás,
porque para entonces ya estarás muerto, y los muertos no sienten nada, ni siquiera nostalgia.

No todas están tan locas como yo.
Me encantó bailar contigo.




Mi vida sin mí.
Isabel Coixet.

lunes, 1 de junio de 2009



And I miss you and I want you
You're not comin' back and I need you
but I can't have you even when you're here

^^